Si señores, por fin se ha acabado esta semana en la que algunos tenemos que aguantar las muestras públicas de pseudofervor de muchos católicos de boquilla (obsérvese que escribo “muchos” no “todos”).
Manifiesto mi más absoluto desprecio hacia todos aquellos que durante el año no saben (por ejemplo) lo que es aparacer por una Iglesia (a no ser que les inviten a una boda o bautizo) y al llegar estas fechas son más católicos que Benedictus XVI. Si por lo menos lo hicieran en privado (como debe ser) vale, pero es que encima lo hacen público a los 4 vientos.
¡Pshe, pshe, oye! que mira, que este finde me voy a Málaga para hecer de costalero del Cristo de la ADSL con la Hermandad/Cofradía de la Banda Ancha. Vamos a ver. Los capirotes (para los no familiarizados con el término son los gorros tipo KKK que portan los penitentes) tienen una función esencial: OCULTAR LA IDENTIDAD DEL PENITENTE. ¿por qué entonces sabemos que aquél de allí es Antoñito Banderas o que aquel otro es menganito? Obviamente los que están bajo el trono no lo llevan puesto, pero perfectamente pueden ataviarse con él cada vez que descansan en los relevos. Así no sabríamos que el presi del Sevilla está en tal trono o que Pipi Estrada está en tal otro.
La penitencia debe ser como la caridad, ejercerse en privado. ¡Ah! y las promesas SE PAGAN POR ADELANTADO. ¿qué coño es esto de “si mi madre sale bien de la operación iré caminando a Teror”?. Vamos a ver, tú vete a Teror a patita y luego ya veremos lo que pasa con tu madre. Así también hago yo promesas: “Si me toca una primitiva de 5 millones de euros prometo dar la vuelta a la isla cinco veces con un tanga de leopardo y unas botas Timberland”. (¡no te jode!).
Vaya desde aquí mi respeto a esa minoría (es mi opinión) anónima que cumple escrupulosamente con los preceptos de la Iglesia y que durante estas fechas sigue, sin exageraciones, con su conducta.
Esto no es todo. Agárrense porque vienen las PRIMERAS COMUNIONES.
Bueno, debo decir en primer lugar que soy ateo, pero aún así, he sido creyente, y creo que tienes toda la razón. El cristianismo no es una religión de siete días, sino de todo un año al año [sic]. En mi opinión, aquellos que se dedican a hacer de “religiosos” durante la Semana Santa y no pisan una iglesia durante el resto del año son, como dices, “fundamentalistas católicos de boquilla”. Tengo una familia muy católica y sé lo que es ir a misa con extrema frecuencia, pero conozco también a muchos que sólo van a las BBC.