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Se juntó el hambre...

08/05/2017 17:20
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Los lectores asiduos de este weblog sabrán que el tema de las antenas de telefonía móvil y su ficticia incidencia sobre la salud viene de lejos por estos lares, ya se trató aquí hace más de 11 años y aquí por poner dos ejemplos.

Hace unos 6 meses madame Perplejita mostraba su asombro y desconcierto, en esta entrada por el rumbo que había tomado Diario de Avisos desde que lo dirige (por llamarlo de alguna forma) esa nadería periodística que es Carmelo Rivero, por muy Premio Canarias de la Comunicación que sea.

Hoy se juntado una cosa con otra y Diario de Avisos nos deleita con esta portada:

¡Ojo a la cita del encabezado!

Este despropósito de portada de panfleto amarillista, no es nada comparada con el presunto artículo que perpetra Natalia Torres que no voy a enlazar, pero donde aparecen perlas como estas:

Están completamente convencidos de que son las culpables. Las cifras de muertes por cáncer que han contabilizado en los últimos siete años, más de 150, parecen darles la razón.

Se da la razón muy rápido aquí sin tener en cuenta ningún otro factor, más como un acto de fe que algo demostrable.

Aseguran que esas antenas están provocando el mismo caos en la salud de sus vecinos que la que hace años lograron quitar del centro de El Sobradillo (en la calle Caléndula) y que dejó a su alrededor un rastro de muerte y enfermedad. En la del Bellotero, “solo de cabeza nos salen como siete u ocho personas enfermas en esa calle. Una de las casas que está enfrente de las antenas se quedó vacía. Los cuatro miembros de la misma familia enfermaron”, relata Díaz.

Ojo, que aquí la redactora se ha tirado a la piscina hablando de rastro de muerte, sin citar enfermedades concretas, edades de los afectados, dolencias anteriores, etc.

Todos han sufrido de manera directa una afección, ya sea porque ellos mismos están enfermos o porque sus más allegados se han visto envueltos por la enfermedad, y todos viven en la calle Caléndula.

Sí, todos tenemos una persona allegada que está enferma, con lo cual según la lógica de lo escrito todos estamos afectados directamente por esa circunstancia del alguien cercano. Un sinsentido vamos.

“Me detectaron el cáncer de mama hace dos años. Por suerte a mi edad (82 años) la enfermedad no avanza tan deprisa. Lo detectaron a tiempo y ahora estoy bien”, explica Montserrat. Ella es una de las veteranas de Planmocan, lleva años en la plataforma, antes de que la enfermedad la hiciera reafirmarse en su convencimiento de que las antenas tan cerca de las viviendas aceleran de manera significativa el cáncer. Y es que, cuando se les pregunta de forma directa si creen, a pesar de que las evidencias científicas aún no lo demuestran, que sus emisiones causan cáncer, su respuesta es que, si bien puede que no generen la enfermedad, “sin duda la aceleran”.

Sinceramente me alegro mucho porque doña Monserrat se haya podido recuperar de un cáncer, pero eso no la hace experta en radiación ionizante y no ionizante, y mucho menos a esa afirmación sin ninguna evidencia que hace al final del párrafo.

El texto continúa con una relación de personas fallecidas en la zona, pero no se da datos de edades, dolencias, problemas previos a la muerte, etc. u otras posibles causas de mortalidad. Vamos que no se dice nada, pero todo es culpa de los emisores de telefonía.

Pero lo mejor viene después:

Cuando se les pregunta si alguno de sus médicos les ha comentado la posibilidad de que las antenas sean las responsables, aseguran que en la intimidad de la consulta sí que lo han reconocido, pero se niegan a ponerlo por escrito o hacer referencia de algún tipo. “A otro vecino le diagnosticaron un cáncer y cuando le dijo al médico dónde vivía le dijo que se mudara lo antes posible”. “Otro, cuando el médico le dio el diagnóstico, inmediatamente le preguntó si vivía en El Sobradillo…”.

Médicos con miedo a hablar y chismes de barrio, esto está entre un capítulo de Expediente X y El Chavo del Ocho.

Después viene una parte donde se relata lo acontecido después de la sentencia del TSJC, por la que se autorizaba desmantelar aquellas antenas por estar sin licencia en vigor, que no por producir ninguna dolencia, y que un año después no se ha ejecutado.

Y el remate:

Ante tanto convencimiento, cuando se les pregunta qué opinan del último informe emitido por el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (Ccars), en el que se afirma que no existen evidencias que relacionen las antenas y el cáncer, la respuesta es casi automática, “ese informe lo pagan las empresas de telefonía móvil, qué van a decir”.

Ah, la paranoia y la conspiradora: todo un Instituto de Magnetismo Aplicado de la Universidad Complutense de Madrid y un Colegio de Ingenieros de Telecomunicaciones untados por las todopoderosas compañías de telefonía. ¡Claro, claro!

“En Francia acaban de aprobar que no habrá wifi en entornos sensibles como los colegios”. Incluso, en la normativa española, “las últimas modificaciones en este sentido hablan de retirar la antenas (SIC) de entornos sensibles como guarderías, hospitales…, lo que nos preguntamos es que si para esos entornos es perjudicial la presencia de antenas por qué para el resto de la población no lo es”.

Cualquier búsqueda medianamente seria a lo ocurrido en Francia con la famosa ley, que sí se aprobó pero con un texto muy ambiguo, solo lleva a páginas magufas e información de chichinabo.

Al final de todo este despropósito, se coloca un pequeño párrafo donde se afirma:

Según las conclusiones del informe del Consejo Científico, recogidas en un comunicado del Ccars, “el análisis crítico de las evidencias respalda que no existen razones técnicas ni sanitarias que justifiquen la imposición arbitraria y discrecional de límites de exposición más exigentes que los recomendados por la OMS y la Unión Europea”. De aplicar esos límites, se afirma, “implicaría aumentar el número de antenas con el consiguiente impacto visual, social y económico”. El informe recoge además que “los niveles de exposición de la población a las radiofrecuencias de los dispositivos wifi, son muy inferiores a los recomendados por las agencias y comités científicos”. El nuevo informe del Ccars afirma que “existe suficiente evidencia para afirmar que el uso del teléfono móvil es seguro en ámbitos como el hospitalario” o que no hay evidencias suficientes que relacionen el uso del teléfono móvil con los tumores cerebrales. Frente a estas afirmaciones de seguridad para la salud, el mes pasado, un tribunal italiano concedió una pensión vitalicia a un trabajador que tuvo un tumor por usar mucho el móvil.

Es curioso que la periodista haya elegido solo esta parte para contraponer un informe científico, y el peso que el mismo tiene, con una sentencia judicial (de la que no se da más datos ni fundamento) y no lo haya hecho los mismo con las descabelladas afirmaciones que se riegan por toda esta inmundicia amarillista que se pretende llamar artículo de información.

Y luego dicen que la prensa escrita está crisis.

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Comentarios [1]


    1. Ascopena




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