Leo en la sección de Opinión de La Provincia Diario de Las Palmas del día 4 de Abril de 2006.
Escotes de Vergüenza
Resulta verdaderamente sorprendente ver cómo han caído en el pozo de los excesos las jóvenes de hoy, las mujeres de hoy, hasta el punto de encresparnos el ánimo viendo tales descaros en la vestimenta, una reflexión que me gustaría compartir com ustedes, queridos lectores. Ayer, sin ir más lejos, estaba servidora a las once de la mañana en la consulta de una óptica cuando entraron una madre relativamente joven (vaya, entre verde y madurona) con su hija de catorce o quince años. Cogieron su número de turno sentándose frente a mí como reinas en su trono, cuando mis asombrados (“asombriados” en canario) ojos se clavaron en los dos escotazos que ambas llevaban dejándome pasmada y más incómoda que un espejo empañado, pues sus “delanteras” no estaban precisamente cepilladas como una inglesa del “Yogua”. Moralmente aquel espectáculo me olió mal (“fos” en canario). Desde luego este es un tema espinoso que no sé si sabré explicarlo, pero sí sé que no voy a renunciar a la contienda sobre el mismo ni de antemano sentirme derrotada porque piense que me saldrá algún lector con algún improperio hacia mi persona. Pero voy a ir directamente al asunto.
No soy una retrógrada que no cree en el progreso y aunque pienso que las modas han cambiado que es una barbaridad, “los modos” no deberían olvidarse y menos a las once de la mañana. Las jóvenes de hoy (no todas, pero si demasiadas) están cayendo en las arenas movedizas de la inmoralidad y en una cultura exhibicionista que sólo les proporciona frivolidad y vacío espiritual, pues ya se están pasando en todo: en sexo, drogas, alcohol … (terrible para sus cuerpos y sus almas, pero un tema que no voy a tocar hoy), pero lo que ya nos tiene con la cólera contenida son esos escotes de vergüenza que criaturas que están empezando a vivir nos meten con calzador y tenemos que bajar los ojos ante tales desmadres. Les aseguro, amigos, que si servidora fuera una de estas jóvenes de hoy y me empeñara (“emperrara” en canario) en llevar esos escotes (aunque improbable en mí), mis queridos y añorados padres me habrían dado tal cachetada (“guantazo” en canario, y algunos me dieron por otras cosas “y no estoy traumatizada”) que me habrían puesto la cara del revés. Y es que mucha culpa la tienen estos padres permisivos que por no enfrentarse a discusiones ni a oír un grito de guerra en sus hogares no son capaces, con autoridad, de poner freno moral para enmendar tales comportamientos.
¿Pero qué está pasando hoy con esta sociedad permisiva, alejada de Dios y que ha abdicado de toda responsabilidad hacia sus hijos? ¿Qué está pasando con esta juventud a la que le sobran los botones en la camisa y le falta medio metro de tela en la cintura de los pantalones y en las playas los tangas son la mínima expresión? Autoridad paterna es lo que necesitan, porque son esos débiles padres los culpables de no saber dar disciplina y ternura a la vez, de discrepar con sus indecorosos gustos, de tener fuerza en la palabra sin áspero tono y de enseñarles que la moral y la educación son la llave del éxito. ¿Cómo iba a encontrar indecenta, la niña de la óptica, su indecente escote si su madre – de robusta complexión, por cierto – exhibía exageradamente y generosamente lo que tenía que cubrirse por respeto a su hija, a la sociedad en la que vive, y , sobre todo, a si misma? Ya lo dice el refrán, “cuando un ciego guía a otro ciego, los dos tropiezan en la misma piedra”. Que tengan un buen día.
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Bueno … es que hasta mi madre que tiene 51 años se descojonó con el artículo. A ver, señora. Estamos de acuerdo que los niños de hoy en día son mayormente unos malcriados que se merecen no un guantazo, sino un surtido de ellos. Pero me mezcla eso con Dios, la moral, las buenas costumbres y no-se-que-rollo-más.
Quizá es que yo, que llevo desde chico yendo a una playa nudista (ya no, pero no por pudor, sino porque hace la tira que no voy a la playa) me es indiferente si una adolescente (no niña, señora, que ya con catorce o quince años la “niña” está ya más bien talludita) tiene un escote hasta el ombligo. ¿Vió usted algo que no haya visto antes? no, ¿verdad?. Y no entramos en valoraciones sobre el gusto particular de esas dos personas. Para mi gusto son superhorteras, y habría que haber visto a la madre-butifarra con escote ajustado… que horror. Eso si, admiro su exquisito vocabulario y educación (lo digo por lo de “robusta complexión”).
Estamos de acuerdo en lo básico. Los niños son unos malcriados, los padres los culpables. Pero cuando nos movemos un estrato más arriba, ya empieza la cosa a entrar por derroteros manidos y con alto olor a naftalina. Si una adolescente quiere ponerse un escote que le llegue al chichi, es su problema, y en todo caso, de sus padres al ser una menor; pero no creo que le moleste a la vista, ni que esté cometiendo un crimen. En todo caso el ridiculo lo hace la niña y sus padres en último término.
... Y si, yo también estoy de acuerdo, es que las visten como putas.
Yo no me quejo :D Pero es que ‘donde está el límite?’ O la frontera? Escote que llegue hasta el chichi? Y por qué hasta el chichi ?? que siga hombre, que siga pa bajo.
Efectivamente nadie se asusta hoy en día (yo hasta me alegro) de que las chicas vayan ligeritas de ropa… igual la pregunta es “por qué lo hacen?”... igual la respuesta es “porque pueden” (jejeje, y otras no pueden).
Resumiendo. Creo que hay un límite, pero lo pone cada persona. En mi caso, si yo tuviese una hija que vistiese así (sin salir de marcha), no estaría muy contento. Es mi opinión.