Cursé tres años de latín en el instituto, porque para eso me hice de Letras puras, y acabé encariñándome con la abuela del castellano que hablo. Por eso, soy mujer de pocos latinajos. Sólo los uso cuando estoy segura al 100% de que son correctos, y no me canso de corregir a quienes perpetran la expresión “de motu propio” con la mayor naturalidad.
Hace poco, el amigo Calandraca (¿que no conoce usted, astuto lector, el blog Casa Calandraca? ¿Cómo va a ser eso? Anímole a que toque usted en la puerta y entre; imposible no quedarse prendado de semejante agudeza en la observación y finura en el ingenio) retrataba la escasa consideración del periódico El Día hacia el latín, en esta entrada. Y hace poco, leyendo las informaciones sobre el “caso Arona”, y procurando no quedarme en un estado de estupefacción permanente, me he encontrado con esto:
Este aspecto de la investigación fue motivo de preguntas de los letrados intervinientes en la comparecencia del alcalde de Arona, siendo singulares las alusiones a las intervenciones del ex concejal de CC durante varias legislaturas Sebastián Martín y del cabo de la Benemérita, llegando a explicar González Reverón que lo hicieron “por tratarse de personas muy emblemáticas en Los Cristianos, actuando como bisagras y alma mater“ en el enfrentamiento CC-PSOE. De hecho, el alcalde dijo que se produjo “sin haber motivaciones económicas o espurias”.
No culpo a El Día, de donde obtuve la información, porque transcribe las palabras literales del simpar Berto, pero sí les afeo no haber añadido un “sic” que les hubiera dejado como auténticos señores.
La expresión “alma máter” (con tilde, puñeta, con tilde) ha vulgarizado su significado. En demasiadas ocasiones, como ésta, se emplea como sinónimo de “esencia” o de “núcleo”. Pero no tiene nada que ver. “Alma máter” es una manera metafórica de designar a la Universidad como institución, como “madre nutricia” del conocimiento. Lo dice el DRAE y hasta la devaluada wikipedia.
Resumiendo, mi moraleja para todos los que emplean latinajos creyendo que los manejan con soltura de tahúres: no lo hagan. Quedan ridículos.

En declaraciones a diversos medios, Cicerón ha pedido que deje de darse por saco a su lengua


Mi querida Lady Perplejeishon: no hace falta que le recuerde que Carmen Calvo, Ministra de Incultura y entrañable secuaz de la SGAE canónica, hizo (una vez más) el ridículo cuando confundió el “dixit” latino con el “Dixie” de “Pixie, Dixie y el gato Jinxs”.) Sin embargo, con este tema del latín (o violín de lata) mi anécdota favorita es la que se cuenta tuvo lugar en las Cortes de los días del innombrable. José Solís Ruiz, a la sazón Secretario General de aquella cosa llamada “Movimiento” pronunció su célebre petición (más bien “orden”) de “menos Latín y más Gimnasia”, a la que Martín Alonso, a la sazón profesor, contestó que gracias al Latín, los que como Solís eran oriundos de la localidad cordobesa de Cabra podían ser denominados egabrenses y no otra cosa.
P. D. Para que conste, doña Carmen Calvo es también al parecer oriunda de Cabra.