La policía pilla mil kilos de hachís en Güímar
Humm, desafortunado titular con el que abría su edición del pasado 7 de febrero La Opinión de Tenerife; de estas palabras, cualquier desaprensivo podría deducir que estos servidores de la ley y el orden se trasladaron a Güímar para abastecerse abundantemente de sustancias ilegales. Habiendo verbos de tanta prestancia como “incautar”, ese ‘pilla’ tan cercano a la jerga de la –puta- calle no parece lo más apropiado.
El consejero de Aguas [del Cabildo Insular de Tenerife] Pedro Suárez, no se pudo pronunciar ayer sobre los trabajos de la obra, por motivos que se lo impidieron
(La Gaceta de Canarias, edición Tenerife, 8 de febrero de 2008, página 12)
El reportaje abordaba el estado de absoluta hediondez en que se halla la desembocadura del barranco de Santos, frente a Hacienda y el Museo de la Naturaleza, y contenía un despiece sobre el conflicto competencial (¡qué alivio que esto exista, qué excusa!), que culminaba con esta deliciosa frase, en la mejor tradición de la escuela de Perogrullo.

Por motivos de curro me encuentro desplazado a Tenerife y paso todas las mañanas por dicha desembocadura y la verdad es que es vergonzoso, además de apestoso, el estado en que se encuentra. Hará un par de meses, antes de las lluvias, había un grupo de operarios trabajando en la desmebocadura y en el puente que da acceso al museo, pero desde que cayeron cuatro gotas no han vuelto por allí. Al menos dejaron la vallas para advertir que como te acerques puedes terminar en el fondo del barranco pringado de mi***a hasta las cejas.