Una verdad incómoda (An inconvenient truth). 2006. Dirigida por Davis Guggenheim
Lior ya habló de ello en Abril y yo he tenido la oportunidad de verla hoy. Los Multicines Monopol y los Multicines Las Arenas en Las Palmas de Gran Canaria, el Renoir Prince de Tenerife y el Asabanos de El Hierro proyectan, desde este viernes, la película documental protagonizada por Albert “Al” Gore Jr. el que (como dice al principio de la película) solía ser el próximo presidente de los Estados Unidos y que ahora es activista en contra del cambio climático despues de que un incompetente le robara las elecciones gracias a tener un hermano en el sitio adecuado y en el momento adecuado.
En esta película, Al Gore arroja hechos, datos contrastados y predicciones sobre lo que es y podría llegar a ser el cambio climático en este planeta, qué hacemos para provocarlo y qué podemos hacer para remediarlo. El formato de la película, cuya fotografía y montaje, por cierto, son estupendos, es casi el de una conferencia, salpicado de flashbacks en los que la voz en off de Al Gore nos cuenta sobre su vida, su carrera política y sus convicciones. Sorprende el hecho de que la película no esté plagada de imágenes impactantes ni golpes de efectos: lo que cuenta es la realidad, ahí están los hechos a la vista de todo el mundo. Cita fuentes, sabe de lo que habla, así que el que espere un documental-espectáculo estilo Michael Moore, se equivoca. Sin embargo, la realidad es tan impactante que no hace falta apoyarse en recursos espectaculares para que el espectador se quede totalmente impresionado por lo que se nos viene encima. Y no es algo que quede lejos, que va. Ya está ocurriendo, ahora mismo. 2005 fue el año más caluroso registrado en la historia. Cuando los escépticos dicen que lo del cambio climático es un ciclo, que ya ha pasado y que volverá a ocurrir, Gore saca una enorme gráfica que muestra 650.000 años de registro de CO2 en la atmósfera vía los estudios de estratos de hielo en la Antártida. El nivel más alto registrado en ese periodo es de 300 partes por millón. En este momento, hay más de 1500 partes por millón. El deshielo de los casquetes polares ya ha comenzado, lo vemos en las noticias, pero lo realmente preocupante es el deshielo de Groenlandia. Con que se deshiele la mitad (y ya ha comenzado también), el nivel del mar subiría 6 metros. Eso significaría la desaparición de muchas islas, innumerables zonas costeras y el éxodo de cientos de millones de personas. Por supuesto, la superficie de las Islas Canarias desaparecerían en su mayor parte.
En definitiva, nos cuenta que es un problema global, que atañe a todo el mundo, y por el que deberíamos preocuparnos todos los que habitamos este pequeño y sumamente fragil planeta azul.
La película, sin embargo, acaba dando esperanzas: El cambio climático se puede frenar. El ejemplo del agujero en la capa de ozono, que se dijo irreversible, y que con un cambio de políticas prácticamente se ha solucionado, es un ejemplo de ello.
Por cierto, nota para Mackeros recalcitrantes: Durante toda la película se puede ver a Al Gore trabajar con su PowerBook de 15” y con la aplicación Keynote, que es con la que está hecha la presentación. Al fin y al cabo, pertenece al panel de directores de Apple. La pantalla en la que lleva a cabo la presentación es espectacular, enorme y de alta definición. Parece una Keynote de Steve Jobs, pero sin Steve Jobs.
Primero tengo que decir que no he visto esta película.
Segundo, Al Gore me produce bastante grima (no es problema del bueno de Al, sino que a mí en general esos políticos retirados, casi siempre desocupados, y que se dedican a impartir doctrina allí donde van, me producen bastante repelús; en España tenemos ejemplos en los dos últimos ex-presidentes de gobierno).
Tercero, yo creo que existe un cambio climático, pero con reservas. No comparte la visión que se ofrece en los medios de comunicación al respecto del futuro de la Tierra.
Cierto que el año 2005 fue el más caluroso (http://www.nasa.gov/vision/earth/environment/2005_warmest.html) pero hay que considerar que esas mediciones de temperatura se hicieron a través de satélite, y que sólo se llevan haciendo desde 1982, con lo cual sólo se puede considerar para la comparación ese intervalo de años (los años anteriores la temperatura se medió con otros aparatos en tierra y no en satélites y por tanto los datos no estarán calibrados y el error podría ser mayor que la variación de 0,6 grados celcius de la que se habla). Es decir lo correcto sería decir: “2005 fue el año más caluroso desde 1982” (creo que ningún medio de comunicación lo contó así). El segundo año más caluroso fue 1998, en pleno fenómeno de El Niño.
En cuanto a la gráfica 650.000 años de registro de CO2 en la atmósfera, no la he visto, pero aún así no me vale. La concentración de gases en la atmósfera no es fija y ha variado a lo largo de las eras geológicas. La concentración de gases en el Carbonífero (hace 345 mill. de años, cuando surgen las plantas e insectos), no tiene nada que ver con lo que existió en el Cretácico (hace 136 mill. de años con los peces y últimos dinosaurios) o el Pleistoceno (los 650.000 años del amigo Gore).
Para gráficas de temperatura esta: (http://homepage.mac.com/uriarte/polosur.jpg), que por mucho que la miro y remiro no veo subida de temperatura por ningún lado.
Igualmente, no se ha encontrado una correlación entre aumento de la concentración de CO2 y aumento de la temperatura terrestre. De hecho entre los años 40 a 60, bajaron las temperaturas, pero la concentración de C02 en la atmósfera seguía ascendiendo. Una nueva teoría afirma que quizás es el aumento de temperatura lo que incrementa el C02.
Asimismo, no se entiende esa dicotomía C02-malo oxígeno-bueno. Existe especies vegetales que viven mejor con concentraciones de CO2 superiores a las que consideramos como óptimas en las ciudades.
En verano de 2005 Greenpeace organizó un crucero por el Ártico para demostrar que el calentamiento les permitía navegar por todo el Polo Norte. A los pocos días tuvieron que ser rescatados, porque el aumento hielo y las tormentas se los querían engullir.
Evidentemente no cierro los ojos a los desmanes y ataques que hemos cometidos los humanos contra el medio natural en el que vivimos, pero el alarmismo no creo que sea la solución.