No vamos a rajar del niño Castilla en TVE, que ya habrá tiempo. Quienes cantan son solo una muestra de las decenas de agrupaciones de música mexicana existentes en Canarias, más concretamente en Tenerife. Todos presentan una iconografía similar: en su nombre tiene que haber algo canario, siempre van de gala, y sus letras no contienen más que amor, desamor y costumbrismo. Pueden variar en voces, aunque lo normal es que cante un solista (si es fémina, cuanto más maquillada y lacada mejor) o una pareja hombre-mujer, para tirarse los trastos a lo Pimpinela. Así mismo, los cantantes deben llevar preferentemente bigote y ellas, haber pasado la menopausia.
Están arraigados desde hace años, habiendo nombres ya ilustes como los Alegres Colombinos, y no entiendo el por qué. Si bien, gracias a la inmigración sudamericana, somos los primeros en tragarnos salsa, merengue, reguetón, bachata y demás pseudo ritmos e incluso creamos nuestros propios subproductos (¡K-Narias ya tu sabes!), ¿de donde carajo viene la afición canaria por las rancheras? Que yo sepa, mexicanos en Canarias hay pocos (aunque restaurantes unos muchos). Entonces, ¿quien ha traído esta moda? ¿Acaso no es importada y ha sido la propia ideosingrasia de la Canarias profunda ha adoptado este estilo de música como suyo? ¿Atraen tanto el sombrero grande, los pantalones negros y ceñidos y las trompetas? ¿Algún ranchero canario ha salido de gira por la República Mexicana?
Desde luego es digno de estudio, porque la cosa tiene guasa. Eso sí, la justa, que Pepe Benavente, empezó con un par de discos de rancheras con los innovadores títulos de “Canta México” y “Canta México 2” y miren por donde va…
Pues yo creo que la querencia por las rancheras, los mariachis y cía viene de más lejos e, incluso, es más genérica (en el sentido de que es algo predicable de toda Hispania). No hay que olvidar que gente como Jorge Negrete eran ídolos de masas a ambos lados de la charca. Y más recientemente, la Rocío Dúrcal encontró campo abonado para esos menesteres. ¿Y qué decir de Pedrito Fernández, “el de la mochila azul”?
El Señor Lechero, en un momento casponostálgico.