Anoche no estaba psicológicamente preparado para aguantar completa la ceremonia de los premios MAX (de teatro) y tuve que limitarme a ver algunas cosillas durante las pausas de otros programas.
Tuve la suerte de que una de las pausas coincidiera con la intervención en la gala de la Ministra Carmen Calvo (que por si alguno de nosotros tenía alguna duda de si es tonta o no, ya se encargo de dejarlo meridianamente claro con su presencia en el programa El Hormiguero en Tele5 semanas atrás) en la que se dedicó a hacer la pelota a “las gentes del teatro” quizás en una actuación enmarcada dentro de la estrategia que tiene el gobierno de, como dice Miguel, “pago de hipotecas” hacia las “gentes de la cultura”. ¡Vergonzoso!.
Me hubiese gustado que en alguna parte de la gala ofrecieran cifras de resultados económicos: Qué espectáculos han ganado dinero, cuántos y con cuanto dinero han sido subvencionados, etc… pero de ilusiones se vive.
Me toca los cojones de manera exagerada ese mirar por encima del hombro que tienen “las gentes del teatro” como si fueran valuartes del Santo Grial Cultural.
Para mí (¡un saludo Dani!) teatro NO ES igual a cultura.
Capítulo aparte merecen los números musicoreográficos que salpicaban la gala. La danza contemporánea es, en gran parte, una vendida de moto de los marginados de la danza “ortodoxa”. Con esos cuerpos, que no hubiesen pasado el casting de Rafita Amargo para la gala de Tenerife, se dedican a hacer movimientos a base de retortijones y girar sobre si mismos (claro que si se ponen a saltar el efecto de las lorzas vibrando queda un poco feo).
La verdad es que no he visto en mi vida una obra de teatro, aunque he leido muchas.
Me parece una forma de arte absolutamente sobrepasada por el cine, como la pintura hiperrealista lo es por la fotografía.
Es ridículo cuando se intenta demostrar que la población es analfabeta debido a que no se acude al teatro.
Actores que sobreactúan, montajes supuestamente rompedores, precios “populares”...ajjjjj.