Desde el carrito: Cuando no hay nadie al otro lado de la puerta

24/08/2008 11:06
Autor: Inés

El otro día fui a un sitio muy divertido con mis papás. Es como una parada de guaguas muy grande, donde la gente sale o vuelve de viaje. Íbamos a recoger a mis abuelos, que venían de Madrid. Yo no sabía que la gente puede volar, y que para hacerlo tienes que ir a este sitio. Se llama aeropuerto.
Me lo pasé muy bien, pues no ves nada, pero de repente se abre una puerta y todos empiezan a mirar para adentro a ver si ven a sus familiares o amigos. Dentro se ven unas cintas que se mueven, debe ser como un parque de atracciones de las maletas. Y de repente, aparecieron mis abuelos por la puerta. ¡Qué alegría! ¡Ya estaban aquí! Me dieron muchos besos y les llevamos a casa. Por eso me gusta mucho ese sitio, el aeropuerto, pues se abre la puerta y aparece la gente que quieres.

Pero, por lo visto, el otro día… no fue así. La puerta se abrió … pero no había nadie al otro lado. El parque de atracciones de las maletas estaba vacío. No hubo besos. No llegaron a casa. Parece ser que, a veces, el aeropuerto no es divertido. Y es que, entre las personas que no llegaron, había bebés pequeñitos como yo, muchos niños y gente grande. Aún no entiendo bien lo de la gente que no vuelve, pero imagino que es muy malo para los que aún los esperan aquí, porque yo sufro mucho si estoy un rato sin ver a mamá. En mi cabecita aún no hay sitio para pensar que ella me faltara, o papá, o mis tíos…, no, debe ser terrible. Y más aún si esperas a cuatro o cinco personas queridas y no llega ninguna. ¡Qué vacío tan grande!

Muchas veces oigo que dicen a mamá: – ¡uf, espérate a que camine, ya verás cuando sea más grande! – ¡Esta niña de mayor va a ser una preciosidad! – ¡Ya verás cuando vayas al colegio!

Y es que todos dan por seguro el paso del tiempo, y van dejando cosas para después, pero… ¿y cuando no llega ese después? Yo por eso avanzo un poquito cada día, y mamá está asombrada con lo espabilada que soy. Me gustaría que todos, todos, se fijen un poco más en la capacidad de aprendizaje y el instinto de un bebé, para que no lo pierdan nunca, y aprovechen al máximo su tiempo. Sobre todo, aprovechen para dar y recibir mucho cariño, que es lo mejor del mundo.

Estos días mamá está algo triste, por lo que ha ocurrido. Lo primero que hizo cuando se enteró de lo que había pasado fue llamar al tío Charlie (¡como siempre está de viaje!), y estaba en casa. También está muy enfadada, no quiere ver la tele. Dice que le da vergüenza, mucha vergüenza, y que prefiere ver conmigo a Pocoyó, a la Pequeña Princesa, a Sam Sam, o a Tom y Jerry, que son más reales y sinceros que los periodistas bobos que viven de la carroña (no sé lo que es, pero es lo que dice mamá).

En fin, a los que no llegaron… un beso muy grande, y que todo vaya bien allá donde estén.
A los que se quedaron… un abrazo fuerte, fuerte… y cuando estén muy tristes, si quieren yo les presto mis juguetes, de todo corazón.


Valora este artículo:
  • Currently 3.12/5
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5

Valoración: 3.1/5(33 votos)

Categoría: .



Desde el carrito: Somos de colores

24/07/2008 17:36
Autor: Inés

Ya tengo cinco meses y medio, y desde la madurez que eso conlleva cada vez me doy más cuenta de muchas cosas. Una de las que más curiosidad me causa es la gente, y es que me he dado cuenta de que las personas somos de colores… y es muy divertido. Yo soy blanquita (igual que mi mamá y mi abuelo paterno). Mi papá y algunos más de mi familia son más marrones. Mamá dice que los colores son razas y que aunque tengamos distintos tonos, todos los miembros de mi familia son de una misma raza: la blanca. Estos días veo mucha gente blanquita como yo en la playa, tomando el sol. Mamá me pone un montón de potingues para que el sol no me queme, pero la gente que está en la playa quiere ponerse morena. Algunos lo consiguen, pero los hay que se ponen muy rojos, muy rojos; mamá los llama guiris. A lo mejor es que quieren quedarse como las personas que trabajan cerca de casa: son de color negro, pero muy negro. Por lo visto es otra raza y vienen de no muy lejos. Me gustan, son muy simpáticos, siempre ayudan a mamá a subir mi carrito por las escaleras (los blancos nunca la han ayudado, sólo los vecinos). Además, en el paso de peatones que hay cerca de casa, casi siempre los que paran son de ese color (¡qué curioso!). Me caen muy bien. Yo ahora me dedico a tocar la cara de las personas, me gusta hacerlo, y su cara me encanta. Debe ser muy divertido ser de color negro. Seguro que le gustan a todo el mundo y que a todos les caen bien, igual que a mi. Sus bebés también son de ese color (por lo visto, ya se nace tan oscuro), me he cruzado con unos cuantos, y son muy graciosos.

Pero hay más. También hay gente marrón oscuro. Debajo de casa viven personas marrones. Es como si hubieran estado toda su vida al sol. Hablan muy alto y muy raro, parece que cantan, es bonito. Dice mami que vienen de un sitio donde hay mucha arena, más incluso que en la playa: se llama Sahara. Siempre me sonríen y son muy amables con papá y mamá. Tienen un niña un poco mayor que yo, que es muy guapa y muy tímida. No hablamos igual (bueno, yo todavía hablo poco) pero nos entendemos bien sólo con la sonrisa. Y me gusta como visten, jejeje, es muy divertido, es como coger una sábana de colores y enrollártela por el cuerpo a ver cómo queda.

También he conocido a más gente marrón, pero de son de otra forma. Algunos llevan un punto entre los ojos y sus caras son distintas. Vienen de mucho más lejos, de la India y también tienen ropa muy divertida de colores muy vivos con cosas que brillan. Lo que más me gusta de ellos es su pelo, muy, muy negro y precioso.

Luego están los de los ojos pequeñitos, porque casi no se les ven. Los he visto en tiendas y en un restaurante que le gusta mucho a mis papás. Son más pequeños que papá y mamá, y sus ojos son alargados. Como sonríen mucho quizá se les quedaron así para siempre. Yo no sé dónde está Oriente, pero son de allí y por lo visto, aunque también tiene la piel clara, son una raza distinta a la mía.

Yo no distingo bien algunas razas, pues por lo visto hay muchas y mucha diversidad dentro de las mismas. Los que me gustan también son los que hablan igual que yo, pero son bajitos y muy morenos. A mamá le he oído decir que tienen “rasgos indígenas” pero no sé lo que es eso. Hay muchos por aquí. Vienen del otro lado del Atlántico (no sé dónde está eso) y hablan muy lindo y muy suave.

En fin, que son muchos y yo muy pequeñita todavía para diferenciarlos bien, pero es maravilloso que haya tanta gente y tan distinta. Estoy aprendiendo muchas cosas de todos ellos e imagino que a nadie le molesta y que todo el mundo hace lo mismo, ¿verdad?

PD: Ya como puré y papilla de fruta. ¡mmmmmm, qué rico!


Valora este artículo:
  • Currently 2.40/5
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5

Valoración: 2.4/5(35 votos)

Categoría: .



Desde el carrito: Esta acera es una ruina

25/06/2008 17:14
Autor: Inés

No hace mucho, en uno de mis paseos con mamá, pasamos por una calle cuya acera estaba muy bien hecha a la altura de los garajes y pasos de peatones: recta hasta la mitad, y con inclinación en el resto, hasta la calle. Lamentablemente, es la excepción en mi ciudad. Las aceras son la desgracia de los carritos y sillas de ruedas, y también, en un futuro, de las caderas de los que por ellas caminan. ¿Por qué la preferencia es siempre para los automóviles, incluso en las aceras? Porque cada garaje tiene su acerita con inclinación incluida que hace que mi carrito tenga en ocasiones hasta peligro de vuelco. Es un sube y baja que a mí me entretiene, pero a mamá la tiene hecha polvo. ¿Qué les cuesta que la inclinación comience un poco antes del bordillo, dejando el resto recto para las personas?

Ah, y otra cosa. ¿Alguien me puede explicar qué son las aceras de lunares? No veas cómo tiembla el carrito cuando paso por ellas, y además, como llueva, resbalan un montón. Suelen estar a los lados de los pasos de peatones, y encima, inclinadas, con lo cual, doble peligro.

Lo que sí me entretiene mucho son las torres de hierro que hay en algunas aceras cada poco espacio. Yo aún no sé cómo se llaman. Creo que son para que no se suban a la acera los coches. En algunas aceras, como son tan estrechas, al tener esas torres no cabe el carrito. Hablando de coches que aparcan sobre las aceras, mi mami se enfada mucho con eso y en el bolso lleva papeles para dejárselos a los coches en el cristal. Cada vez que ve un coche sobre la acera que nos hace bajar para pasar…¡plas, papelito que le deja! El papelito dice: *Cada vez que deje su coche de esta forma piense, por favor, en las personas de movilidad reducida, o que necesitan silla de ruedas, ancianos, niños, madres y padres con carritos de bebé, etc., a quienes USTED hace la vida un poco más DIFÍCIL. Atentamente: C.B.*
Además, mami lo imprime en folios amarillos partidos a la mitad, y lo coloca del revés en el cristal. Así, de lejos, parece una multa, y asusta más, jeje, ¡Esa es mi mami!

Pues eso, que el señor de la casa grande que manda en la ciudad debería tener mejor las aceras, porque tiene unas muy inclinadas y otras muy altas por las que casi no puede subir mi carrito. Y eso que vivo en una zona céntrica. Si viviera en un barrio algo alejado…ni aceras habría.

P.D.: Ya sé darme la vuelta yo solita. Igual dentro de poco sorprendo a mis papis gateando un poquito.


Valora este artículo:
  • Currently 2.88/5
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5

Valoración: 2.9/5(32 votos)

Categoría: .



Desde el carrito: Las aceras echan humo

20/06/2008 17:28
Autor: Inés

Como aún soy pequeña no sé quién toma las decisiones en el mundo, pero el que decidió que para fumar había que salir a la calle… se lució de lo lindo. Desde entonces las aceras son el lugar más popular de nuestro país. Las aceras echan humo, literalmente. Y es que cuando voy de paseo con mamá, hay aceras por las que me da mucho asco ir, porque hay mucha gente fumando en ellas. Hay tanto gente que camina fumando, como personas que están en la puerta de comercios, centros educativos, etc. “echando un cigarrito”. Siempre me fijo sobre todo en los trabajadores de cierto hipermercado, que a todas horas están como mínimo dos en la puerta. Cuando los vemos, mi mamá dice: “¡Ño, qué humo!. Y es que a veces la puerta de algunos establecimientos parece que es la de Lluvia de Estrellas.

Si en una misma calle coinciden comercios en que sus trabajadores lleven uniforme es muy divertido, pues parecen equipos esperando para alguna competición. Creo que podrían crearse nuevos puestos de trabajo gracias a la nueva realidad de las aceras: animadores, etc., y además, para qué montar un local, si con poner una barra en la acera te forrarías… Eso sí, encima, como se fuman el cigarro deprisa y corriendo, pues lo tiran a la acera o a la calle, y cada vez se ven más colillas.

Yo, encima, sufro el humo por partida doble, ya que cuando voy en el carrito, estoy a la altura de los tubos de escape de los coches, y me toca el humo de las aceras y el de la calle. Y eso que mamá procura siempre llevarme por aceras poco transitadas, para que pueda respirar algo mejor. A veces llego a casa con la ropita oliendo a humo.

Encima, la gente, como se reúnen en las aceras, no me dejan pasar con el carrito, y hasta ponen mala cara. Hay señoras que han hecho que mamá tenga que bajar el carrito de la acera para poder pasar. Y es que los señores son más respetuosos que las señoras, al menos es lo que me parece desde el carrito. El otro día, una señora me echó todo el humo en la cara, y cuando mamá hizo el carrito para atrás, la señora no sólo no apartó el cigarro sino que puso una cara muy fea… y eso que yo le sonreí.

Hay más cosas por las que no me gustan las aceras de la ciudad, pero te las contaré otro día. Ojalá la gente deje de fumar, o al menos, me respete como bebé que quiere que sus pulmones duren limpios mucho tiempo.


Valora este artículo:
  • Currently 2.75/5
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5

Valoración: 2.8/5(16 votos)

Categoría: .



Desde el carrito: Presentación

13/06/2008 12:27
Autor: Inés

Hola. Me llamo Inés. Y además, ya respondo a ese nombre. Si, me refiero a que ya giro la cabeza cuando alguien me llama. Puede que para ti eso sea normal, pero para mi es toda una hazaña ya que sólo tengo cuatro meses y nueve días de vida.
Mi mamá se llama Pino; muchos la conocen también como Charlie’s sister, y sí, soy sobrina de Charlie (¡menudos genes!).

Todos los días mamá me saca a pasear en mi carrito azul (a veces paseo también con la abuela), y me encanta observar el mundo, aunque hay cosas que mejor no mirar. Me gustaría compartir contigo mi forma de verlo todo, pues creo que algunas personas han perdido algo de perspectiva, y cuando eso sucede lo mejor suele ser volver a nuestros orígenes.
Puede que sea muy pequeña, que aún no sepa hablar, que gatear sea mi próximo proyecto, que acabe de descubrir mis manos y pronto mis pies, o que sólo sepa balbucear (en hacer pompitas soy ya una experta), pero tengo un espíritu crítico (de familia me viene), y Miguel me ha dado total libertad para expresarme en C.B., así que, de nuevo, HOLA.

PD: Yeyo, ¡¡guapo!!, gracias por el título.
Valora este artículo:
  • Currently 4.33/5
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5

Valoración: 4.3/5(15 votos)